Jazmín



La cabeza me iba a estallar. Cada respiración se acompañaba de un punzón que me taladraba la sienes exaltando las sensaciones hasta lo absurdo. Lo inadmisible.

Siempre había sufrido de jaquecas pero esta era inusual. Parecía tener vida propia. No cedía un milímetro en el combate.

Sin motivo, mi abdomen se hinchó descomunalmente. El fenómeno me tomó por sorpresa con las manos sobre mi estómago y los dedos entrelazados. Vertiginosamente las dimensiones de mi figura estaban transformándose y por primera vez en horas dejé de pensar en la migraña.

Toda mi atención se concentró en zafar mis dedos que para ese momento estaban totalmente trenzados. Los nudillos se me blanquearon de tanto esfuerzo. Ya no era dueño de mi cuerpo.

Algo en mi interior comenzó a moverse violentamente. Como intentando salir, buscando liberarse de mis entrañas.

Recordé como la abuela de mi esposa insistía con frecuencia que el mejor remedio para los dolores estomacales y de cabeza era el té de jazmín. Esa idea me parecía absurda. Me sonaba a placebo, a un truco barato para engañar los sentidos del enfermo distrayéndolo del dolor.

En aquellos espeluznantes segundos lo único que deseaba era algo para que esa sensación de asco e hinchazón desapareciera.

En vez de alivio, intempestivamente lo que llegó fue un poderoso espasmo en mi cuerpo que hizo que me arqueara sentándome en la cama. Quise gritar, para implorar por ayuda, pero de mi garganta salió un remedo de voz. Un gruñido grave y tosco que bramó algo indescifrable.

Estaba seguro que perdía la razón y grité:

-¡Déjame!

Tal cómo llegó aquella pesadilla, se disipó en el aire.

Caí rendido, repasando aterrado el evento. No había más migraña. Tenía la garganta seca, los labios agrietados; mis manos se habían liberado y el abdomen había recuperado su habitual tamaño.

Un zumbido agudo llenaba todo el ambiente y a la distancia reconocí a una jauría de perros que, furiosa se acercaba hacia mi casa.

–No había perros en este barrio. Pensé.

Tomé del buró la jarrita de vidrio con agua y me serví un vaso, haciendo que ambos titiritaran conmigo.

Bebí ansioso y al terminar me serví un segundo trago que dejé a la mitad derrumbándome exhausto por la experiencia, hasta quedar profundamente dormido en medio del aullar de cientos de perros postrados afuera de mi casa.

El sonido del teléfono me despertó.

A tientas alcancé el auricular y comprobé que seguía siendo de noche. Del otro lado de la línea escuché la voz de mi cuñada:

-¿Arturo? Preguntó conmocionada.

-Acaba de morir mi abuela. Y rompió en llanto.

– Fue algo muy sorpresivo, ¡estaba bien!, solamente tenía una gripe normal y estaba ronca, pero… No lo podemos creer todavía.

No podía emitir un solo ruido, no sabía qué decir, cómo reaccionar. Todos en la familia sabían del estrechísimo lazo que unía a mí mujer con su abuela. Estaba atónito.

-Fue espantoso, se hinchó como globo. Su cuerpo se desborda de la cama, no cabe en ella.

Agregó cada vez más descompuesta.

-¡Y los malditos perros que no dejan de ladrar! No sé de dónde salieron. Hay docenas afuera de la casa.

Instintivamente busqué con la mirada el vaso con agua que había dejado sin terminar a un lado de mi cama, tratando de asegurarme que todo era un sueño, pero seguía ahí.

Suspiré profundamente, confundido, petrificado y al hacerlo se me llenaron los pulmones con el suave y delicado aroma del jazmín.

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9 Respuestas a “Jazmín

  1. Si la novela “Negra, ” fuese una persona, ésta se llamaría Arturo. ¡Grande! Es allí donde nos damos cuenta de la capacidad estructural de un escritor, cuando hasta las cosas más nimias para alguien, para él, tienen su verdadero valor, su verdadera exquisitez…y hasta su verdadero lado “Negro”.

    • Leo:

      Es cierto, todas las historias están ahí, solamente es encontrar las palabras correctas y descubrir el ritmo adecuado para contarlas y que, idealmente, se vuelvan interesantes. Espero que ésta no sea tu última visita a Bajo la Maleza.

      Un abrazo Hermano.

  2. Muy atrapant la trama de este cuento , bien narrado con maestria y brillantez. La voz que narra en tus cuentos es asi siepre un narrador conciencia . Todos los sintomas estan narrados de una forma muy realista tal diria que has leido mucho a Horacio quiroga , un cuentista colombiano.

    • Amiga; esta historia tiene 50% de ficción y un 50% de anécdota real; los personajes son otros, algunas situaciones son diferentes, pero la verdad es que hubo “algo” aquella noche que no fue común.

      Me pareció u delicioso pretexto para hacerlo cuento, Siempre eres muy generosa con tus comentarios y te lo agradezco de corazón.

  3. Realmente Arturo es un placer que hayas llegado a Booster y me hayas hecho conocerte a través de los favoritos…
    Celebro el encuentro y te aseguro que seguiré tus pasos. Me encanta tu forma de escribir…
    Un delicioso pretexto (si me permitís la licencia) que aún degusto…

    Besos

    • Leny, el gusto es mío. Me encanta que hayas paseado por acá y que disfrutes lo que escribo. Sabes que esto es algo que no se puede dejar, lo traes en el alma y es difícil abandonarlo. Hago siempre mi mejor esfuerzo para tratar de comunicar lo que siento y cómo lo siento.

      Me encanta saber que te han gustado esos esfuerzos.

      Besos para ti también.

    • Gracias, qué bueno que te gustó el cuento y sí, hay mucho contenido por acá y seguirá creciendo. Me encantaría que te dieras unas vueltas por este espacio con frecuencia. Dile a tus amigos también.

      Mil gracias.

      ¿Qué tipo de cuentos son los que más te gustan: Suspenso, Terror, Amor, etc.?
      Cuéntame.

      Saludos

      Arturo

  4. querido arturo que gran escritor amigo,me llevaste a el lugar Cuando los perros ladraban al corredor de la casa, amigo maravilloso es relato te seguiré siempre leyendo,sinto un respeto y admiracion muy grande hacia ti un gran abrazo de viña del mar chile
    elizabeth ossa manicke

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