Las Puertas



Aquel hombre llevaba tanto tiempo caminando en ese laberinto que empezaba a delirar. A veces soñaba con el delicado altar de piedra que había visto en la entrada y recordaba que al verlo esa primera vez, tuvo en la boca del estómago la certeza de que pronto iba a encontrar la salida. Años más tarde se preguntaba con odio por qué se había metido en aquel lugar.
Al dar vuelta por enésima vez en una de las esquinas de otro corredor más, se encontró de frente con un pasillo nuevo y mucho más grande. Al final de éste, descubrió dos grandes puertas exactamente iguales. Empezó a reír como loco, sabía que esa era la salida, finalmente se había terminado la búsqueda pero en ese instante una duda le asaltó la mente y se quedó paralizado. No entendía por qué eran dos puertas si solamente había una salida:

– Es una trampa. Pensó.
– Una de las dos seguramente me llevará a la muerte y la otra debe ser la verdadera salida, pero ¿Cuál es cuál?.

Las analizó con vehemencia y en cada detalle trataba de develar la clave. Pasaron años y cuando se le agotaba el tiempo, concluyó que lo único que le quedaba era elegir uno de los dos caminos y enfrentar las consecuencias. Se decidió por la derecha, hizo girar el picaporte y descubrió que las dos puertas se comunicaban en la parte posterior y que ambas conducían al mismo corredor obscuro en cuyo fondo estaba el delicado altar de piedra.

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