Tres Segundos


Desde este ángulo todo se ve tan tranquilo. Tan sereno. No recuerdo haber sentido tanta paz nunca antes en mi vida. La nieve se siente húmeda en mi espalda, pero es fresca, reconfortante, no me moja o me hiela.

Así, tendido en el suelo distingo con claridad esos pinos colosales, majestuosos que apenas se mecen con la brisa invernal. Pequeños cúmulos de hielo se amontonan en sus ramas y más copos caen del cielo abultándose lentamente sobre ellos.

Mis hijos, los pienso con mucha serenidad, los siento cerca de mí a pesar de la distancia. Están bien. No sé porque siento esta certeza pero los sé protegidos, seguros, contentos. Y una infinita nostalgia me los trae a la mente con una nitidez estremecedora, casi puedo tocarles las mejillas, olerlos, sentirlos.

Que profunda sensación de impavidez en medio de la naturaleza. Mis sentidos se han agudizado increíblemente, siento con claridad la minúscula diferencia de temperatura entre mi hombro izquierdo y el derecho, ambos postrados sobre la misma tierra llena de hielo. Mi respiración es acompasada, rítmica, sin prisa. Estoy totalmente consciente.

Inclino la mirada hacia el frente y, mirándome fijamente, está un pequeño estornino pinto con su plumaje pardo reflejando la luz del sol. Parece contagiado con toda esta atmósfera apacible. Mueve su cabeza inclinándola primero hacia un lado y después hacia el otro como inspeccionándome con más curiosidad que miedo.

No está alerta ni a la defensiva, solamente se acerca con pequeños saltos hacia mí y continúa su revisión. Su sola presencia me hace descubrir del trinar de otras aves en lo alto, allá en la copa de los pinos.

Solamente es hasta que se encuentra lo suficientemente cerca de mí, que detecto una mancha carmesí en la punta de su pico. Es entonces cuando lo veo seguir un rastro rojo que insistentemente pica y vuelve a picar, alternando esa tarea con su inspección hacia mi persona.

Giro la cabeza hacia mi derecha y descubro a 2 metros de distancia mis piernas cercenadas desde la cadera.

Cajas multicolores, moños verdes y rojos cubren mis viseras regadas en la nieve y un río rojo obscuro y espeso corre hacia el estornino quien curioso sigue picándolo y analizándome. Giro hacia la izquierda y a unos metros de distancia veo el sedán negro destrozado en un árbol, con el parabrisas roto y el motor humeando.

Ese sedán en el que hace apenas tres segundos conducía lleno de regalos y de entusiasmo para disfrutar la Navidad con mis hijos.

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16 Respuestas a “Tres Segundos

  1. Pingback: Bitacoras.com

  2. TERRIIIIBLE RELATO ARTURO!…

    La palabra aquí, obviamente, no es encanto…Pero sí fascinación…
    Tus letras subyugan y te llevan, aunque el destino que espere al final del camino sea demoledor…
    Un beso amigo…Un lujo contar contigo…

    • Lo más importante para mi, es que los lectores disfruten de estas historias y me llena de gusto saber que contigo lo he conseguido.

      Muchas gracias por tu comentario y por el tiempo que le dedicaste a la lectura, te espero por acá siempre.

      Saludos.

  3. Pingback: Tweets that mention Tres Segundos « Bajo la Maleza -- Topsy.com

  4. Felicitaciones! Otro gran final, otro mazazo después de una introducción llena de paz y claridad. Muy bien desarrollado. Tres segundos pueden ser muy poco o demasiado. Ese estornino bien podría transformarse en un cuervo… Al principio le tenía simpatía, pero al final me dio rechazo con ese piquito lleno de sangre.

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  6. Un relato “agridulce”… me hizo sentir ese desespero (que seguro sienten los que viven una ezperiencia así) de que no sea verdad… quiero volver al principio, y olvidar el final…
    Paralizante, para mí.

    • Hola amiga, como siempre un gustazo tenerte por acá visitándome y, sobretodo, comentando los cuentos. Que bueno que te sorprendió el texto, siempre trato de conseguir eso en el lector. Quizá es así, porque esos son los textos que a mí más me gustan, los que me hacen releer y meditar, los que me sorprenden. Misión cumplida contigo en este breve cuento.

      Besos.

  7. Ufff….Impactante!! Describes una escena de paz y sosiego que invita a perderse en esos paisajes nevados y después el impacto final, trágico e inesperado. Me encantan tus relatos.

    Un saludo.

    Verónica.

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