La Búsqueda


El grupo de científicos y hombres de fe finalmente había quedado conformado y todos tenían un solo objetivo, encontrar de una vez por todas a Dios.

Los gobiernos del mundo habían aportado los recursos económicos para solventar el multimillonario proyecto y todos confiaban en que el resultado de éste acabaría por unificar a los hombres.
Seleccionaron el Monte Sinaí como centro de operaciones y ayudados por un poderoso telescopio y coordenadas calculadas por Rabinos a través de la Cábala Judía, dieron inicio a la monumental tarea. Antes de empezar, el líder del grupo se llevó la mano derecha al pecho, suspiró profundamente y se asomó al telescopio, ajustó el aparato y echó un ojo al infinito.
Lo primero que observó fue una enorme nube de polvo y gases de color ocre, se internó más en la oscuridad del cielo y localizó ahí una pequeña esfera azul que giraba vertiginosamente, se acercó para inspeccionarla y en su interior descubrió una enorme roca con una construcción metálica en la cima, dirigió la mirada hacia aquel pequeño edificio y halló en una de sus caras una ventana en cuyo interior había un grupo de hombres y en el centro de todos ellos encontró a uno asomado a través de un telescopio con la mano derecha colocada en su pecho.

Viceversa


-Positivo. Dijo uno de los ingenieros en la cabina de grabación.

Y se hizo un silencio denso en el ambiente. Una mezcla de ansiedad, de nerviosismo, de euforia contenida.

-Chécalo una vez más. Contestó el Dr. Coté. Tenemos que estar seguros al 100%.

El ingeniero sonrió y con la voz emocionada le contestó por el intercomunicador que lo había revisado veinte veces contando el último resultado.

-No hay la menor duda. Es positivo.

La alegría contenida en la cabina estalló al unísono, todos se abrazaban, algunos tenían lágrimas de regocijo en las mejillas.

Habían dado con un descubrimiento científico que inscribiría sus nombres en los libros de historia. Todo los hombres del planeta se entenderían distinto a partir de ese instante.

Querían llamar a los medios de comunicación, a la prensa, con el presidente. Querían que el mundo entero lo supiera.

Casi como un accidente, el Dr. Isaac Coté había hecho un hallazgo fantástico con una simple grabadora de mano. Con el mismo equipo, que los periodistas comunes grababan las conferencias de prensa o los discursos de los políticos.

Curiosamente había sido la grabación de un discurso político lo que había dado pie al descubrimiento.

Después de treinta minutos de grabar a uno de sus mejores amigos dando una conferencia agradeciendo el nuevo cargo público que ostentaba en la ciudad, intentó revisar lo que llevaba grabado hasta ese instante y accidentalmente pulsó el botón de reversa en la grabadora. Atónito encontró un mensaje compuesto de oraciones cortas y precisas que hacían alusión al  discurso del político pero con significados diferentes, con referencias casi opuestas y contradictorias a las que había dicho su amigo.

En su última intervención, el político dijo: “por el bien de todos” pero esa misma frase en reversa decía “Ahora es mi turno”.

Al principio pensó que era una fortuita coincidencia. Una casualidad, una increíble jugada del azar.

Pero desde ese momento y durante los siguientes cinco años, se dedicó a grabar a cuánta persona podía y a revisar minuciosamente todas esas cintas.

Apenas dos años después de su hallazgo, su amigo, el político que inconscientemente facilitó toda esta aventura, era destituido de su cargo por encontrársele culpable de enriquecimiento ilícito.

La frase de su discurso en reversa: “Ahora es mi turno”, retumbaba y cobraba una fuerza descomunal en la cabeza del Dr. Coté.

El escrutinio era titánico. Tuvo que echar mano de los mejores investigadores en diferentes áreas de la ciencia: Semiólogos, Ingenieros de Audio, Psicólogos, Comunicólogos, Analistas de Voz…

Cada uno de ellos sumó al proyecto, desmenuzando aquel misterioso hallazgo.

Las conclusiones parciales de aquella aventura científica, apuntaron claramente hacia lo impensable: la complejidad del cerebro humano, se las había arreglado para emitir dos mensajes cada vez que alguien decía algo.

La comunicación humana era bidimensional.

La voz consciente lo hacía hacia adelante usando el lenguaje y las palabras. La voz inconsciente lo hacía en reversa usando los sonidos, la fonética, las inflexiones de la voz, las pausas, los acentos, la velocidad con la que se generaban los mensajes.

Esa era la razón por la que todos hablamos a ritmos distintos y en determinados momentos hacemos inflexiones de voz, aparentemente, azarosas, casuales.

Ninguna casualidad, el azar no jugaba en este fenómeno.

Durante años lo probaron con pláticas casuales, con discursos de artistas, de políticos, de figuras públicas.

Incluso la gente común, generaba estos dobles mensajes todo el tiempo. Era la voz del alma, hablando sin censura, sin ataduras, sin las cadenas del deber ser, sin guardar apariencias sociales.

Los discursos en reversa, era la esencia misma del ser humano hablando, implorando, decretando, diciendo la verdad de lo que sentía y pensaba directamente desde su voz más profunda.

Mientras el grupo brindaba por la confirmación final del descubrimiento y ultimaban los detalles para dar a conocer al mundo la noticia, el ingeniero que había hecho las confirmaciones finales se refirió a todo el equipo diciendo:

-Señores lo hemos logrado. Y alzó su taza con café en señal de brindis.

El Dr. Coté sonrió con una mueca forzada y agregó:

-Ha sido un verdadero trabajo en equipo. Felicidades a todos.

Pasaron 12 horas, antes de que el ingeniero de audio descubriera que el equipo de grabación se había quedado encendido durante todo el acto y los discursos. Con morbosidad revisó la cinta entera y se detuvo en el mensaje de felicitación que el Dr. Isaac Coté les había dirigido. Lo corrió en reversa y claramente escuchó:

-Este descubrimiento es solamente mío, bastardos de mierda.